Hace siete años mi vida dio un giro inesperado y mi matrimonio llegó a su fin. Los cinco años siguientes los dediqué a cuidar de mis tres hijos,  que  con año y medio, tres años y medio y siete años me reclamaban a cada momento, y aunque fueron años durísimos, ya que yo llevaba mi propio proceso, han sido los años que más he disfrutado de nosotros juntos las 24 horas del día. De forma paralela por primera vez en mi vida, me enfrentaba a mi mayor miedo: la soledad. Esta soledad, que aun dentro de la marabunta que puede parecer el mundo rodeada de dos bebes y un niño, se hacía más acuciante día día; soledad que sumada a la dependencia emocional que siempre había tenido de las personas de mi entorno, me hacían sentirme cada día más y más atrapada en una maraña de depresión, mal estar y sentimiento de inferioridad por el solo hecho de ser mujer y haber decidido un año antes de mi separación, dejar mi trabajo para cuidar de mis tres hijos. Fueron los años más duros de mi vida.

Toqué fondo y tuve que enfrentarme a mis miedos de volver a empezar, de rehacer mi vida, de desprenderme poco a poco de mis apegos y empezar a descubrir la verdadera mujer que llevaba dentro. Poco a poco empezó a brillar de nuevo mi luz interior para seguir alumbrando mi camino, pero esta vez desde mi centro, mi equilibrio y lo más importante, desde mi propia lección de vida y mi propia elección.

Gema Yague Buey conectando corazones

 

Lo primero que hice fue comprarme un perro, jijijij, siempre había querido tener uno y vaya, mi madre nunca me había dejado pero vaya¡¡¡¡¡¡¡ si ya no vivía con mi madre y si, se lo que estaréis pensando “ ¿con tres niños y adopta un perro?”. En esta vida hay tiempo para todo, solo hay que querer organizarse y hacer las cosas.

 

Una vez que ya nos habíamos adaptado a que un ser de cuatro patas nos comiese la cena de vez, es cuando decidí ponerme al día en el mundo de las redes,( al fin y al cabo siete años fuera del mercado laboral hacen que pierdas el norte en cuanto a internet se refiere). Perfectamente me podía haberme decantado por montar una guardería, ya que me consideraba “experta en crianza, juegos de invierno, salidas de primavera, murales de otoño, postres caseros, pintora de acuarelas y un sinfín de cosas más que durante esos años en casa pude disfrutar”. Fuera de bromas, empecé a tope con cursos de redes y novedades varias y ahí fue cuando sin darme cuenta mi hijo mayor empezó a crecer y de repente se convirtió en un pre adolescente, pero detrás venían dos pequeños guerreros, que también pedían a gritos: “Mamá¡¡¡¡ castígame¡¡¡¡¡¡”. He de confesar que nunca he sido de gritar, pero si he castigado, sobre todo a mi primer hijo mayor, y también les he amenazado en ocasiones.

Me encontré de repente con un incómodo mal estar y empezó una búsqueda intensa de opciones para no castigar a mis hijos, para intentar comprenderles, respetarnos mutuamente y allí de repente se cruzó  conmigo DISCIPLINA POSITIVA.

Al principio estuve trasteando aquí y allá buscando otras alternativas y otras opciones y al final, me decidí a hacer un taller personalizado de las 14 horas de duración que tiene un taller de Disciplina Positiva. Poco a poco las herramientas y diferentes opciones que esta metodología me daba fueron entrando en nuestras vidas. Verdaderamente tenía mucho trabajo por delante. No fue fácil porque las cosas antes de mejorar suelen empeorar y hubo momentos que me daban ganas de tirar la toalla y volver a mis viejos hábitos pero por suerte los pequeños cambios calaban hondo en mis hijos y ellos mismos me mostraban opciones diferentes como yo les había enseñado y entonces es cuando cogía fuerza y seguía adelante. Cada vez me convencía más, y cada vez me gustaba más y cada vez me sentía más y más compenetrada con mis hijos. Entonces me di cuenta que mi mirada hacia el mundo había cambiado. Mi mirada hacia mis hijos había cambiado. Mi mirada hacia mi misma había cambiado. Ya no había marcha atrás. Ya no me importaba sentirme juzgada o criticada por el resto; las miradas que puedes recibir en un momento dado por educar de otra manera que desde fuera a veces, puede no entenderse, resultan totalmente desalentadoras.

Gema Yague Buey disciplina positiva

Entonces decidí que esto se lo tenía que contar al mundo entero, tenían que enterarse de qué era esto y de que te cambiaba la vida de forma extraordinaria y, fue así como me certifiqué como Educadora de Familias y como educadora de Aula de Disciplina Positiva. Y fue así como me formé como Motivadora de Aliento o Disciplina Positiva Plus ( para adultos) y fue así como poco a poco he llegado al punto en el que me encuentro actualmente ayudando a padres, madres, abuelos, monitores, educadores, futuros padres, futuras madres, mujeres, parejas y todo ser humano que quiera tener unas herramientas tan valiosas como las que Disciplina Positiva nos enseña para poder apoyarnos en este camino de educar a nuestros hijos, o para poder conocernos mejor a nosotros mismos.

No penséis que tengo la vida perfecta. Tengo la valentía de aceptar que soy imperfecta y que cometo errores cada día, pero ahora los veo como una oportunidad de aprendizaje y no como algo malo que me hace sentir culpable.

Pero mi vida todavía daría un giro más. Yo soy de Zaragoza pero he pasado gran parte de mi vida donde vivo actualmente en un pueblo a unos 100 km de la capital aragonesa llamado Uncastillo. Me vine a vivir aquí con 20 años. Años más tarde conocí al padre de mis hijos y marché con él a su tierra, Palencia. He estado allí por 15 años, pero realmente mi corazón siempre se había quedado aquí. Hace dos años tomé la decisión de volver, y aquí estoy disfrutando de lo que más he añorado en mi vida, mi pueblo. Fue durísimo tomar la decisión, los miedos me invadían y la inseguridad volvían a mí por momentos. Mi cerebro encontraba cualquier excusa para que decidiese quedarme allí, ya sabéis, salir de la zona de confort no es fácil, pero tengo que deciros que las cosas más bonitas las encontramos detrás de grandes desafíos, y que tuve miedo sí, pero ha sido el último paso para poder gestionar mi vida al completo desde mi centro y desde dónde yo había deseado.

 

Actualmente puedo deciros que me encanta mi trabajo, que la alegría forma parte de mi vida de nuevo y que, si necesitas a alguien que te acompañe en tu proceso o cualquiera de las opciones que te doy, aquí me tienes, estoy deseando conocerte.